Testimonios de aborto provocado

15-10-2006

Autor: Elena
Publicado en: AVA

Me llamo Elena tengo 22 años y una triste historia de aborto que contar

Me llamo Elena tengo 22 años y una triste historia de aborto que contar...

Aquella prueba de embarazo dio un vuelco a nuestras vidas.

28 de febrero del 2006, en aquel entonces vivía en casa de mi novio aunque actualmente aún lo estoy. Yo, estudiante y con infinitos planes por cumplir. Mi pareja tenía 21 años y era trabajador en el negocio de sus padres. Llevábamos un año y pocos meses de relación, aunque compartiendo el mismo techo 4 meses.

El resultado positivo nos dejó perplejos a los dos, aunque yo días anteriores ya empecé a notar cambios en mi cuerpo que me hacían sospechar. A nosotros todo aquello nos venía demasiado grande. Su reacción al instante fue llanto, un llanto de desesperación de confusión, en cambio yo, aunque estaba también muy confusa, sentía dentro de mí una ilusión por llevar a mi hijo. Alberto me propuso que lo contáramos todo a sus padres pero yo sentía miedo a un rechazo, miedo a que fuera criticada, y ahora pienso lo cobarde e injusta que fui...

Le diéramos las vueltas que le diéramos no encontrábamos solución al problema, sí, sí, un gran problema el que yo estuviera embarazada, ¡¡qué absurdo!!.

No supimos aceptar el regalo tan bonito que la naturaleza nos entregó y por nuestra propia cuenta decidimos lo peor: deshacernos del problema. Ése era nuestro gran secreto, ni una palabra a nadie. Sin embargo se lo contamos a mi hermana mayor para ver qué le parecía. Lamentablemente, ella nos apoyó en todo lo relativo a abortar, no nos puso ninguna pega por la barbaridad que queríamos llevar a cabo, es más, nos facilitó el teléfono del ginecólogo. No la culpo a ella aunque en ocasiones la llegué a odiar por permitirme hacer tal locura. Yo lo que más quería oír de mi hermana era que renunciara al aborto y tristemente sus palabras no fueron de esa forma.

Los días pasaban tormentosos, pensando a cada momento en lo mismo, dándole vueltas y más vueltas; y yo queriendo cada vez más a eso tan divino que llevaba dentro. Mi novio no quería que pronunciara palabra de la realidad: para él sólo era algunos coágulos flotando por mi vientre, no quería ver que se trataba de nuestro bebé que día tras día se iba formando.

Llegó el día de visita al ginecólogo, momento en el que me vi sumergida en un gran abismo, en cuanto pude comprobar aquellas ecografías se me partió el corazón, era ya tanto cariño por aquella cosita que era tan mía... ¡qué gran desolación! El ginecólogo sin más nos aconsejó ir a una clínica de realización de abortos, y de nuevo yo quería escuchar palabras como: "date cuenta de lo que vais a hacer, se trata de una vida humana y justamente la de vuestro hijo". ¡Pero eso tampoco fue así!, Este ginecólogo no me contó ningún tipo de secuela que podría sufrir ni tampoco ningún tipo de problema que se me podría presentar, y todavía menos del milagro que llevaba dentro. Ese día me sentí fatal, inútil, la madre más cruel del mundo, egoísta y muy cobarde.

Ya teníamos hora confirmada para cometer tal inhumanidad. Cada vez que le sacaba el tema a mi pareja él lo esquivaba, no quería que me informara del tema, llorábamos juntos pero convencidos que no teníamos ninguna otra solución, aunque yo me ilusionaba con mi bebé. Pero Alberto decía que era imposible traerlo al mundo, y lo llegué a odiar, sentí mucha rabia por él.

18 de Marzo, día fatídico. Yo contaba con 8 semanas de embarazo. La noche anterior no pudimos conciliar el sueño.

Aquella terrible mañana, nos dirigimos a la "clínica" vagabundos, perdidos de miedo. Algo en mí me frenaba, algo me decía: no vayas. Antes de hacer nada ya me arrepentía. La espera allí dentro fue interminable, las caras que se veían más bien jóvenes marcaban miedo y desolación. Qué estúpidos éramos, qué estúpida y poca cosa me sentía en aquella sala de la condena, a la espera de acabar con nuestro hijo...

Sentí mi nombre y nos dimos un apretón de manos. Seguidamente me guiaron hacia una sala pequeña y oscura, otra ecografía de mi bebé, no tuve valor para mirar a la pantalla y podría haberlo hecho ya que el monitor en ningún caso estaba girado. Aquellas enfermeras sólo se ocuparon de sacarme sangre y preguntar cuatro cosas más, en ningún momento dieron lugar a contarme la monstruosidad que llevábamos entre manos. Una vez decidido todo, me dejaron sola en una silla, aparcada como un mueble, a la espera de la entrevista con el psiquiatra y mientras tanto rellenando unos papeles, en esos instantes tenía una culpabilidad enorme encima que se mezclaban con nervios.

Aquel personaje llamado "psiquiatra" me hizo entrar, con aire indiferente me ofreció asiento, la visita fue muy fugaz. Se comportó con tanta naturalidad, balanceándose en su butaca me dirigió unas palabras que nunca podré olvidar: “Esto es como jugar a la lotería, a algunos le toca y a otros no”. Según el gran especialista, era todo un juego y estaba de suerte porque sólo contaba con 8 semanas, poco tiempo para él. También contó que era algo muy fácil el método de aspiración y que me marcharía por mi propio pie.

Pasada larga espera, me tocaba pasar lo peor. Primeramente antes de nada tuve que pagar y firmar. Seguidamente me aparcaron en una habitación donde me puse aquella bata a la espera de acabar con esa vida tan bonita. Ese tiempo sólo tuve valor para rezar y rezar al mismo tiempo que sentía a través de la puerta conversar a los médicos como si nada, todos con indiferencia absoluta.

Llegó la hora, una enfermera me vino a buscar, me llevó con silla de ruedas, a lo largo de aquel tétrico pasillo empecé a temblar y a sudar... Pero todos tan indiferentes, me hicieron tumbar en aquella camilla y en posición de parto. Mi estado tanto físico como psicológico ya era incontrolable, quería irme de allí, quería gritar que me sacaran, y finalmente exploté a llorar. ¡Sentía ansiedad, miedo, ganas de afrontar la vida con mi pequeño!.

Una de las enfermeras dio la alarma, seguidamente bajaron la temperatura de aquella mortal sala. Se me acercó una y me preguntó si estaba segura, no hizo falta que nadie me dijera eso ya que mi cara pagaba; y yo entre lágrimas y con aquella sensación de ahogo no la pude ni contestar, y tan indiferente se fue. ¡¡Yo quería que me sacaran de allí!!, ¡sólo quería eso!, pero nadie me ayudó. Me acabaron poniendo un tranquilizante para que me calmara... a partir de ese momento, pasaron unos momentos y ya no recuerdo más porque me sedaron.

Aquel despertar fue el peor de mi vida, todo había cambiado yo ya no era aquella chica alegre tan sonriente y con ganas de emprender cosas. Me habían ignorado, me habían matado a mi hijo y ya nada tenía sentido. Allí todos tenían prisa para que marcháramos, a mi alrededor habían otras chicas que no se podían levantar yo tampoco tenía fuerzas para nada pero tenía ganas de salir de ese sitio. Me encontraba mareada pero a aquel personal sólo le interesaba que firmara mi alta y desapareciera.

Me acompañaron hasta la sala donde me esperaba mi novio, pero yo ya no era la misma, ya no tenía fuerzas para sonreir, ni para dirigirle ninguna palabra. Tampoco me salía ninguna lagrima, ¡¡era tan grande el vacío!!. Transcurridos unos días, tuve hemorragias, dolores de parto muy fuertes, y sacaba coagulos, en fin... ¡lo peor que me podía pasar!.

Caí en una gran depresión, yo quería irme con mi chiquito, no quería vivir. Odiaba a todo el mundo, en primer lugar a mi novio, a mi hermana y a todos los que estaban a mi alrededor. Me encerré conmigo misma, no dirigía palabra, vivía amargamente pensando todo el tiempo en lo mismo, y tenía continuamente pensamientos suicidas.

Lo dejé todo, la carrera por el aire, no quería saber nada de mis amistades ni mucho menos de la ayuda que me ofrecía mi novio, él también lo pasó muy mal.

Ahora que ha transcurrido más tiempo de la pesadilla, creo que me he recuperado un poquito, aunque no hay día que no llore por mi hijo, y por lo injusto que es todo, y porque este mes le tocaría ver la luz, ver a su mamá, sentir la vida... y eso no podrá ser. Fui injusta con mi bebé y lo condené a muerte.

Ya no siento aquel odio por mi novio porque al fin y al cabo él ha sido otra víctima igual que yo del aborto. Nadie nos ayudó, fuimos otro negocio para los grandes que se están llenando los bolsillos a base de acabar con vidas inocentes y con los padres de esas vidas.

Lo triste de todo es que en el momento que te vas a practicar el aborto, no te cuentan la realidad ni las secuelas que te van a quedar el resto de la vida. Aunque la ley diga que el médico debe informar a la mujer de todo, y lamentablemente a la práctica es falso!.

Pues bien, acabaré ofreciendo mi apoyo a todas las victimas del aborto, y dando fuerzas para que luchen para que no se rindan y sobre todo para que no lo permitan nunca más.

Desde aquí mando un beso al cielo a mi pequeño. 


AVISO: AVA acoge y escucha a todas las mujeres y hombres víctimas del aborto y en su misión de dar voz a las víctimas ha creado el foro de la web y divulga sus testimonios en este apartado. En el contenido de los mismos es responsable el autor y AVA como organización no tiene por qué indentificarse con el contenido íntegro de su mensaje.



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